jueves, 11 de septiembre de 2008

Fugas


En mi cajón guardo esta imagen. Cuando no puedo más lo abro y la observo.
Me digo en secreto – algo más, todo es por algo más-. Y entonces cierro el cajón y puedo continuar.
Hay imágenes que ayudan a pasar una tarde de papeles. Ante solía ver fotos cuando un momento así llegaba, ahora veo un mapa. Santiago está ansioso por partir, yo más por tenerlo en mi espalda. Tiempo al tiempo mi querido cómplice, tiempo al tiempo y volarás.
No le conozco y ya me deja respirar. Sé que te voy a amar.

Avisos casuales

Un montón de archiveros y archivos viejos, mujeres y hombres mitad hombre mitad máquina. Desde que puse pie en tierra detesté la libertad, la supuesta definición de libertad,osea un millar, y aunque así fue sabía que era de gran ayuda e inspiración para muchas cosas y por eso le guardo su respeto. Esta tarde encontré algo aún peor,en una pizarra decía lo siguiente "La libertad no es hacer lo que se quiere, es hacer lo que se debe". Sentí una opresión en el pecho, dejé de escuchar,no podía respirar ahi adentro, entonces voltee a mi alrededor y sentí el grillete en mi pie, tuve que correr, mis botas huyeron lejos, hasta el patio principal. Vi a mi cómplice y sonreí. "Hacer lo que se debe".

Pro duc ti vo
Pro duc ti vo
Pro duc ti vo
Pro duc ti vo
Pro duc ti vo

¿¿Te lo aprendiste carajo?!

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Lo que se escurre


Me desmorono en un parpadeo. Trato de jalarme a tierra y no lo consigo, un hilo sostiene mi pierna, mi pierna es todo lo que quedó, me he fugado. Mutilada visión de lo anhelado, ahí voy entre los árboles, soy eso que ya no se pudo sostener, eso que revienta por dentro. Soy el sudor de todos los hombres cansados, los gritos de las mujeres que ya no pueden tocar más su piano. Escribo como si hiciese música, escribo con la garganta palpitando. Detesté los gerundios desde que me los enunciaron. Cuando escribo bailo y bailo sola, como tu cuando vas al baño. No hay punto que sostenga esta idea, quiero mi maquina, letra de acero, quiero el tecleo y el dulce sonido de lo imborrable. Quiero que las palabras se queden como jeroglíficos. Seré lo imperdurable. Te veo ahí mi Olivetti de sueños, escucho tu sonido, estoy sin pierna, estoy contigo. No necesito caminar más, desde aquí puedo ir a dónde no he llegado a escribir. Dejo de ser mujer, dejo de ser lo que tu quieres que sea, solo somos ella y yo. Yo frente a ella, no me borra, no se arrepiente, no me anula. Es tan pesada que no puede dejar este escritorio, la luz se atenúa pero mis velas son compañeras. Llego hasta ti, vuelvo a ti, vuelvo al sur sin tangos. Vuelvo a tus ojos, desde la jícara hasta tu jacal, estamos las dos, me observas con tus ojos demoledores, hablas otra lengua, sé que compartimos el país pero tu mundo es distinto. Siento tu roce, mi cabello es tu provocación, la nariz fría al imaginar tu rostro. Tu boca es grande, tan grande que no puede decir nada. Te quiero lejos, te quiero cerca, hablamos con las manos, tus faldas esconden pudores impuestos, eres mujer de tierra, eres solo una niña, y yo soy un indefenso animal a tu lado. El imperio de tus silencios me domina, y me empuja a traerte aquí. Sé que no te quisiste despedir, tras las tablas me observaste como un conejo que espera ser cazado. Y yo voy tras de ti, te tomo por los brazos abro mi boca para no decirte nada, no importa lo que vocifere, no lo comprendes. Entonces me callo y comienzo a mojarte, te baño con mis ojos, me acuñas en los tuyos. Embutes el temblor de mis manos, esto no lo escribo para ti, no lo entenderías, serían un montón de formas mal acomodadas. A ti tendría que dibujarte, no te alcanzo, estas distante, eres lo más parecido a un secreto que tengo. Tenía sed, sed de esta música que solo en suspiros de madrugada podría mostrarte. Quiero volver, quiero sentarme en tus sillas de enanos, meter la mano al fuego y sonreír a tu lado. Ten cuidado, soy un animal sediento de tu sorpresa, soy un animal que se alimenta de almas como la tuya, las bebo y me las guardo, esta noche tenía sed y he bebido de ti, no te has dado cuenta, sé que duermes, en tu mundo la noche llega muy pronto, el día comienza oscuro. Sé que existes, te veo en mi vientre, lo tocabas con sorpresa, yo acaricié tu cara, me la guardé, tu nombre no se los regalo, tu nombre lo llevo como himno de paz.

martes, 9 de septiembre de 2008

No más pollo por favor.

Bata blanca, adecuada para la institución, un abismo entre los dos. Ella realizó la pregunta de rutina –Hola, soy fulana de tal…- poco importa quien sea de hecho, una bata más.-…y estoy aquí para hablar contigo un rato-. Sus ojos no se despegaron de la pared, era su punto de fuga, su silencio en la cama.
-¿Quieres hablar?-
-No-
Y entonces ella se quedó en silencio, nada la movería de esa silla, a menos que el lo pidiese, y no, no lo pidió.
Sin verla comenzó ha hablar, dijo que le dolía todo, como era evidente en un cuerpo vendado de pies a cabeza.
-Yo me puse a limpiar el tractor, y entonces el muchacho se terminó su cigarro y pues lo aventó-. En cuestión de segundos cada venda cobró sentido, ocultaban un cuerpo con cenizas, un cuerpo al rojo vivo, con la carne despierta y el corazón adormecido. Sus padres trabajaban en el otro lado, el vivía con su tía, la retórica tragicomedia mexicana del día a día.
Ella, que quizá puedas ser tú o todos nosotros, se quedó en silencio, escuchando cada cansada palabra. Tenía trece años y su voz era la de un anciano cansado, postrado. No se puede abrazar, no se puede tocar, el abrazo puede ser la peor tortura, entonces se toma con la mirada, se acaricia entre silencios, eso sería lo romántico, ella solo escuchó.
Juanito era el nombre, tantos hay en tu México y el mío, pero para ella el es él Juanito, Juanito de mirada apagada, Juanito de voz cansada, Juanito de cuerpo caliente, Juanito en llamas.
El recordaba el fuego, recordaba como lo apagaron, si, “lo apagaron”, como un objeto, como un ente brillante, sabrá Dios que más le apagaron, que más le quemaron en ese tractor.
Platicaron otro rato, en ese cuarto solo eran ellos dos, la gente teme ir con “los quemados”, como si fueran una especie de monstruos, cómo si te quemaran en cuanto los ves. Y lo paradójico es que quizá si lo hagan, porque cuando hablan de su fuego encienden el tuyo, y no de una manera musical, es literal.
Ella no pensó en si, solo escuchaba a Juanito y seguía cada palabra como conjuro de verdad, la verdad entre almohadas.
Juanito quería volver a correr, quería que ya no le doliera tanto porque no podía dormir bien, y sobre todas las cosas quería unas flautas del centro, porque ese pollo desabrido nomás no ayudaba nadita.
Tan sencillo era ir a comprárselas, tan sencillo estar todos los días, tan sencillo acompañar el dolor para mitigar el propio. Pero no, no se trata de eso, se trata de escuchar.
Sus ojos comenzaron a chocar con los de ella, una mirada lacónica, la mirada al fin.
Juanito habló de sus sueños, de los de la noche anterior y de los de años atrás. Quería ir al otro lado para chambear mucho con su papá y que su mamá ya no se mortificara tanto. Hubo un momento en que el sonrió y con sus aceitunados ojos se postró en los de ella. Sostener una mirada como la de el es un privilegio, pensó.
Llegó la comida, pollo de nuevo, arroz, gelatina, y un agüita de jamaica. En realidad no se veía tan malo, pero el no quería bocado. La enfermera se tuvo que ir, ella lo alimentó, no era su función, ah porque eso si, de funciones estamos llenos hasta el copete. Tomó el tenedor y poco a poco lo alimentó, algo se movió, algo dolió. Juanito terminó de comer y tenía sueño, a dormir,- vas a estar bien Juanito-.
-Voy a estar-.
La gente dice que en los hospitales viejos como este, se pueden escuchar los fantasmas que vagan por ahí. Muchos no saben que en lugares así no hacen falta los fantasmas, porque entre las sábanas están los fantasmas que se obligan a vivir. Y ellos son los que se quejan por las noches, cuando no es necesario aguantar el dolor por la pena de gritar.
Ella salió esa tarde como todas las demás, algo dolió, Juanito existió.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Oraciones para noches de calor


Soy masa oscura, gota de sudor. Soy el dolor que llega a tu espalda por la tarde. La uña que se quiere quebrar y solo duele cuando se mueve. Se han divertido anunciando sus peligros, no saben que el peor esta justo frente a ellos. Soy dura, un bloque de acero frente tus miedos, me arrastro entre tus compasiones. Te comprendo, te escucho, te alimento, todo para no matarte, todo para no mutilarte. No te comprendo, no te escucho, no te doy nada, absolutamente nada. Son solo trozos de mierda entre los dedos, son solo huecos unidos como cadenas, una cadena de falta tras falta.
Los encierro entre las cajas, los saco a pasear, me disfrazo de dama lista para vomitar.
Sonrío con esta boca que tanto disfrutas, muestro mis dientes duros, de animal. Te exploto con mis abrazos, te desmenuzo con los besos. No siento nada, no eres ni el más mísero pelo que cuelga de la lengua. Puedo bailar contigo toda la noche, puedo dejar mis pasos en cada uno de tus poros, puedo ser tu infierno, puedo ser tu verdugo. Soy la sangre caliente que corre por tu nariz, no importa cuanto polvo busques solo llegaré yo y ahí estaré para arrancarte los ojos, para masticarlos lento como algo placentero.
Caricias rancias que no saben a nada, hastío en los hocicos reventados de falsedad.
Grita, grita porque no escucho todas tus mentiras. Déjame reír en tu frente, recuéstate en mi regazo así será mas fácil morderte. No, no puedo morder, no puedo tocar, me das asco, tu olor es nauseabundo, tal como lo recuerdo.
Una mujercita bien, educada, hecha y derecha, piadosa, de confiar, de respetar, de dar, de ser, de estar, de dar, de ser, de estar, de dar, de ser, de estar, de dar, de ser, de estar, de dar, de ser, de estar. -¡Al carajo, al carajo tus oraciones y tu jodida piedad-.
Una pútrida imagen de dientes oscurecidos y ojos amarillos. Lo enfermo se puede oler, y tanto tú como yo apestamos los adentros. Se me está cayendo un ojo, se esta rodando entre mi boca, puedo tragarme todo lo que vi, puedo corregir y no seguir.
Y mi cuerpo es perfecto, la unión de todos tus pecados, la visión de mis milagros. Piel, mujer, mentira, cansancio.
Porque soy de fiar, soy segura, soy atenta, soy cuidadosa. Y tú que te piensas malo, tú que te pintas de marrón, que te escudas con un falso caparazón.
Y eres tan tibio, tan sencillo que el bostezo llegó.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Leyendas de cocina


Solía ser un misterio. El violento diafragma anunciaba el disparo. No había nada que ver, todo se guardaba en una caja oscura, inasible. No tenías imagen hasta pasado el tiempo, un papel, quién sabe si te habían robado el alma, quien sabe si te la otorgaron.
Hoy aún es un arma, solo que no la había padecido. Sé que tiene un objetivo, dispara sin parar, no es mera casualidad que se le diga disparo. El sonido me envuelve, el espejo me seduce. Una caja de narcisismo en tus manos. Utilizas mi imagen, me envuelves con ella, me la ofreces como fruta fresca y yo la tomo con precaución. Sostienes el arma, tu dedo en el gatillo, el disparador, sonido, luz, me voy. He dejado de estar para ser papel, para ser color, para ser lo que tú inventas que soy. Entro en trance, dejo de verte y comienzo a escuchar, ese sonido que me hace desear otro más y destazar tu memoria.
-¿Puedo tomarte unas fotos?- O mejor será decir que tomas lo que quieres y yo desaparezco.
Asesino, creador.
Silencioso elixir el de la imagen, lo conoces, lo manejas, lo envuelves como natural y es que así se te da. En cuanto la tomas ya no distingo donde comienza tu mano y donde termina ella. Juntas une folie à deux.
Y estamos en rito, puedo ser un escarabajo que se mueve lento, trepo por tu cocina y las cucharas se caen. Soy el jerarca de tu crema de cacahuate. Mi cetro es tu desnuda mujer. Comienzo el baile bajo tu sol artificial. Cuando prometo algo lo cumplo, y sé que te cumpliré, porque mi palabra es peso, mi palabra es aceite denso por la sangre. Caliente inyección de opiáceo, así se escurre mi decir por tu barbilla.
Nos hablamos en reflejo, dos extraños postrados en el patio, y puedo acariciarlo ahí, solo en la imagen. Y tú puedes bailar conmigo ahí, dónde no lleguemos a tocarnos. Un cristal a medias para fundir el quizá. Nuestra piel, tan lejana ya, que nos postramos en tu lente. Ahí se inventan todos los posibles. Hoy soy niño a tu lado, brincamos entre tus pedazos de estrella, veo como los tragas, yo cierro los ojos para saltar y me voy, me voy lejos, hasta la torre ficticia. Tú bailas en el borde de la barda, no sé si quieres saltar, tu baile es indescifrable. No te has dado cuenta, yo también tengo un lente, lo guardo en el medio de los ojos, disparo sin cesar, no hago ruido, soy un tanto mas sigilosa que tu.
Y el niño con el que juego no es el hombre que recuerdo, y la niña que te muestro no es la mujer que escondo. Porque tu eres tanto más mujer que yo, porque yo guardo la virilidad del sexo en los ojos. Porque no hay figura, porque somos una masa en movimiento, porque esta noche te tengo en mi lente, porque esta noche te llevo indescifrable, porque soy un tanto más lejano y ahí te conservo inmutable.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Porque todo necesita un nombre





Me he escondido todo este tiempo narrando lo ajeno, lo que poseo a través de los otros. Hoy necesito escribir en primera persona y mostrarme a medias. Necesito escribirme para reconocerme, de repente me fugo por el reflejo, veo un rostro pero no es el mío, es imprescindible que lo refleje aquí, si no, me quedaré como la pesadilla de los muertos, la pesadilla del vampiro, ese que no se ve más.
Y bueno, un fluido rosa siempre es buena medicina para estos casos. Lo bebo despacio para que pase por cada uno de mis órganos y me recuerde que estoy aquí.
No recuerdo bien el día ni la hora en que vendí mis palabras. Quitando dogmas y agarrando otros, como primate por la selva, voy de liana en liana soltando uno y tratando de convencerme que el otro es mejor. Al menos el simio sabe que es su recorrido, yo lo dudo todo el tiempo.
Doy la espalda a la ciudad, sé de su belleza pero hoy la detesto. Prefiero el gigante escondido, las nubes y yo tan cómoda, soy tan jodidamente cómoda. Me quejo de lo que no tengo, me revienta lo que tengo, o será simplemente que yo desde hace rato ya quiero otra cosa. No se decir bien a bien que es, solo sé que es otra cosa, y me da miedo conocerla, me da miedo estar así porque sé que no habrá vuelta a atrás, si decido tomar ese velero no podré volver, solo recordar.
Me iré por el mar, porque es a lo que más miedo le tengo, a estar en medio de la nada, pero la tierra ya me ha dado tantas nauseas que las mareas y sus mareos no pueden ser peores.
Será quizá el inicio de la semana, será eso y nada más. Me digo frases al oído para convencerme, alguien tiene que hacerlo, mi lengua.
Hace unos años que la perforé y ahora lo oculto, no lo uso más, yo necesito esa perforación, no es solo un hueco, es el hueco que yo elegí, carajo si ya tenemos tantos en el alma, esa alma de la que ya te he contado si es que me importas, esa jodida alma de roquefort, por que carajos no labrar el mío.
Cada región es distinta, los adultos nacen de distintas maneras, uno cree que cuando se dilata suficiente el sexo de la madre es cuando llegas, pero no, llegas más de una vez a este mundo y te postras de distintas formas. Mi forma me repudia.
Una presa en contención, esperando, aguardando el momento para fugarse.
El disfraz de cada mañana, yo siempre he detestado el maquillaje, si, de acuerdo, tiene sus beneficios, resalta una que otra cosa, pero al final oculta, oculta el rostro, y lo peor no es que lo oculte a los demás, ellos ven lo que quieren con o sin el. Pero tú, en ese espejo, devastado cual payaso, con vestidos y pastas que no son tuyos.
Quizá sea el lunes. O quizá sea la lucidez. A veces me gustaría dejar de pensar como si escribiese, porque tengo que correr a la pluma, al aparato, tengo que correr a sostenerme, a parirme.
No quiero prender eso todavía, llegará el momento, lo sé. –Un sueño mayor- me digo y me repito- todo es por un sueño mayor-. Al menos tengo eso, no dejo de soñar, pero cuando despierto lo vivo en pesadilla, porque lo oculto, lo guardo entre mis papeles, junto a los suyos.
Siempre deseé un escritorio, y ahora lo detesto. Deseo aún, pero el mío, el que tendrá litros de café, el que guardará palabras al aire, el que cubrirá estos abortos nocturnos.
Recuerdo cuando era joven…brillaba como el sol.
No cito, soy eco.