lunes, 8 de septiembre de 2008

Oraciones para noches de calor


Soy masa oscura, gota de sudor. Soy el dolor que llega a tu espalda por la tarde. La uña que se quiere quebrar y solo duele cuando se mueve. Se han divertido anunciando sus peligros, no saben que el peor esta justo frente a ellos. Soy dura, un bloque de acero frente tus miedos, me arrastro entre tus compasiones. Te comprendo, te escucho, te alimento, todo para no matarte, todo para no mutilarte. No te comprendo, no te escucho, no te doy nada, absolutamente nada. Son solo trozos de mierda entre los dedos, son solo huecos unidos como cadenas, una cadena de falta tras falta.
Los encierro entre las cajas, los saco a pasear, me disfrazo de dama lista para vomitar.
Sonrío con esta boca que tanto disfrutas, muestro mis dientes duros, de animal. Te exploto con mis abrazos, te desmenuzo con los besos. No siento nada, no eres ni el más mísero pelo que cuelga de la lengua. Puedo bailar contigo toda la noche, puedo dejar mis pasos en cada uno de tus poros, puedo ser tu infierno, puedo ser tu verdugo. Soy la sangre caliente que corre por tu nariz, no importa cuanto polvo busques solo llegaré yo y ahí estaré para arrancarte los ojos, para masticarlos lento como algo placentero.
Caricias rancias que no saben a nada, hastío en los hocicos reventados de falsedad.
Grita, grita porque no escucho todas tus mentiras. Déjame reír en tu frente, recuéstate en mi regazo así será mas fácil morderte. No, no puedo morder, no puedo tocar, me das asco, tu olor es nauseabundo, tal como lo recuerdo.
Una mujercita bien, educada, hecha y derecha, piadosa, de confiar, de respetar, de dar, de ser, de estar, de dar, de ser, de estar, de dar, de ser, de estar, de dar, de ser, de estar, de dar, de ser, de estar. -¡Al carajo, al carajo tus oraciones y tu jodida piedad-.
Una pútrida imagen de dientes oscurecidos y ojos amarillos. Lo enfermo se puede oler, y tanto tú como yo apestamos los adentros. Se me está cayendo un ojo, se esta rodando entre mi boca, puedo tragarme todo lo que vi, puedo corregir y no seguir.
Y mi cuerpo es perfecto, la unión de todos tus pecados, la visión de mis milagros. Piel, mujer, mentira, cansancio.
Porque soy de fiar, soy segura, soy atenta, soy cuidadosa. Y tú que te piensas malo, tú que te pintas de marrón, que te escudas con un falso caparazón.
Y eres tan tibio, tan sencillo que el bostezo llegó.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Leyendas de cocina


Solía ser un misterio. El violento diafragma anunciaba el disparo. No había nada que ver, todo se guardaba en una caja oscura, inasible. No tenías imagen hasta pasado el tiempo, un papel, quién sabe si te habían robado el alma, quien sabe si te la otorgaron.
Hoy aún es un arma, solo que no la había padecido. Sé que tiene un objetivo, dispara sin parar, no es mera casualidad que se le diga disparo. El sonido me envuelve, el espejo me seduce. Una caja de narcisismo en tus manos. Utilizas mi imagen, me envuelves con ella, me la ofreces como fruta fresca y yo la tomo con precaución. Sostienes el arma, tu dedo en el gatillo, el disparador, sonido, luz, me voy. He dejado de estar para ser papel, para ser color, para ser lo que tú inventas que soy. Entro en trance, dejo de verte y comienzo a escuchar, ese sonido que me hace desear otro más y destazar tu memoria.
-¿Puedo tomarte unas fotos?- O mejor será decir que tomas lo que quieres y yo desaparezco.
Asesino, creador.
Silencioso elixir el de la imagen, lo conoces, lo manejas, lo envuelves como natural y es que así se te da. En cuanto la tomas ya no distingo donde comienza tu mano y donde termina ella. Juntas une folie à deux.
Y estamos en rito, puedo ser un escarabajo que se mueve lento, trepo por tu cocina y las cucharas se caen. Soy el jerarca de tu crema de cacahuate. Mi cetro es tu desnuda mujer. Comienzo el baile bajo tu sol artificial. Cuando prometo algo lo cumplo, y sé que te cumpliré, porque mi palabra es peso, mi palabra es aceite denso por la sangre. Caliente inyección de opiáceo, así se escurre mi decir por tu barbilla.
Nos hablamos en reflejo, dos extraños postrados en el patio, y puedo acariciarlo ahí, solo en la imagen. Y tú puedes bailar conmigo ahí, dónde no lleguemos a tocarnos. Un cristal a medias para fundir el quizá. Nuestra piel, tan lejana ya, que nos postramos en tu lente. Ahí se inventan todos los posibles. Hoy soy niño a tu lado, brincamos entre tus pedazos de estrella, veo como los tragas, yo cierro los ojos para saltar y me voy, me voy lejos, hasta la torre ficticia. Tú bailas en el borde de la barda, no sé si quieres saltar, tu baile es indescifrable. No te has dado cuenta, yo también tengo un lente, lo guardo en el medio de los ojos, disparo sin cesar, no hago ruido, soy un tanto mas sigilosa que tu.
Y el niño con el que juego no es el hombre que recuerdo, y la niña que te muestro no es la mujer que escondo. Porque tu eres tanto más mujer que yo, porque yo guardo la virilidad del sexo en los ojos. Porque no hay figura, porque somos una masa en movimiento, porque esta noche te tengo en mi lente, porque esta noche te llevo indescifrable, porque soy un tanto más lejano y ahí te conservo inmutable.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Porque todo necesita un nombre





Me he escondido todo este tiempo narrando lo ajeno, lo que poseo a través de los otros. Hoy necesito escribir en primera persona y mostrarme a medias. Necesito escribirme para reconocerme, de repente me fugo por el reflejo, veo un rostro pero no es el mío, es imprescindible que lo refleje aquí, si no, me quedaré como la pesadilla de los muertos, la pesadilla del vampiro, ese que no se ve más.
Y bueno, un fluido rosa siempre es buena medicina para estos casos. Lo bebo despacio para que pase por cada uno de mis órganos y me recuerde que estoy aquí.
No recuerdo bien el día ni la hora en que vendí mis palabras. Quitando dogmas y agarrando otros, como primate por la selva, voy de liana en liana soltando uno y tratando de convencerme que el otro es mejor. Al menos el simio sabe que es su recorrido, yo lo dudo todo el tiempo.
Doy la espalda a la ciudad, sé de su belleza pero hoy la detesto. Prefiero el gigante escondido, las nubes y yo tan cómoda, soy tan jodidamente cómoda. Me quejo de lo que no tengo, me revienta lo que tengo, o será simplemente que yo desde hace rato ya quiero otra cosa. No se decir bien a bien que es, solo sé que es otra cosa, y me da miedo conocerla, me da miedo estar así porque sé que no habrá vuelta a atrás, si decido tomar ese velero no podré volver, solo recordar.
Me iré por el mar, porque es a lo que más miedo le tengo, a estar en medio de la nada, pero la tierra ya me ha dado tantas nauseas que las mareas y sus mareos no pueden ser peores.
Será quizá el inicio de la semana, será eso y nada más. Me digo frases al oído para convencerme, alguien tiene que hacerlo, mi lengua.
Hace unos años que la perforé y ahora lo oculto, no lo uso más, yo necesito esa perforación, no es solo un hueco, es el hueco que yo elegí, carajo si ya tenemos tantos en el alma, esa alma de la que ya te he contado si es que me importas, esa jodida alma de roquefort, por que carajos no labrar el mío.
Cada región es distinta, los adultos nacen de distintas maneras, uno cree que cuando se dilata suficiente el sexo de la madre es cuando llegas, pero no, llegas más de una vez a este mundo y te postras de distintas formas. Mi forma me repudia.
Una presa en contención, esperando, aguardando el momento para fugarse.
El disfraz de cada mañana, yo siempre he detestado el maquillaje, si, de acuerdo, tiene sus beneficios, resalta una que otra cosa, pero al final oculta, oculta el rostro, y lo peor no es que lo oculte a los demás, ellos ven lo que quieren con o sin el. Pero tú, en ese espejo, devastado cual payaso, con vestidos y pastas que no son tuyos.
Quizá sea el lunes. O quizá sea la lucidez. A veces me gustaría dejar de pensar como si escribiese, porque tengo que correr a la pluma, al aparato, tengo que correr a sostenerme, a parirme.
No quiero prender eso todavía, llegará el momento, lo sé. –Un sueño mayor- me digo y me repito- todo es por un sueño mayor-. Al menos tengo eso, no dejo de soñar, pero cuando despierto lo vivo en pesadilla, porque lo oculto, lo guardo entre mis papeles, junto a los suyos.
Siempre deseé un escritorio, y ahora lo detesto. Deseo aún, pero el mío, el que tendrá litros de café, el que guardará palabras al aire, el que cubrirá estos abortos nocturnos.
Recuerdo cuando era joven…brillaba como el sol.
No cito, soy eco.

domingo, 31 de agosto de 2008

La Jungla



Solo se necesita una pequeña valija, hagamos un recuento.
Par de botas. Listo.
Un vestidos. Listo. La mascada. Listo.
Hacer de tripas corazón. No tan listo.
Hace tiempo escuché en sus manos retorcidas los pasos huecos hacia la jungla. No había nada, se sabía distante de si, volteaba a verse y no se reconocía, mujer a medias, mujer sin eco.
Y ahora veo los tuyos, unos ojos casi cristalinos, me pareces una muñeca cómo con las que jugaba en la casa de los sueños. Esas muñecas inmóviles, rígidas, que no eran para jugar, eran para adornar.
Se me van las palabras, las miradas, no sé que decir, no sé ni como callar.
Su cuello echado para un costado, las manos torcidas hasta la deformidad, los hombros sin fuerza, la mirada vacía. Y cuando tomó forma fue con una oleada de furia, furia en el llanto, gritaba con lágrimas, que me lleven, yo no quiero irme. No hay fuerza ni para eso.
De repente las veo a las dos, tú tras de ella, puedo escuchar los tambores a lo lejos, salen de entre los matorrales, más títeres sin cuerdas, todos caminando hacia la nada, esa nada que solo entre ustedes conocen. Y yo soy un espectador, no te mentiré, he pasado por ahí, pero los tambores jamás me alienaron como lo hacen con ellos, como quizá lo hacen contigo; yo no tuve la fuerza para dejarme danzar. Tu baile macabro me congela la voz, soy un espectador sin lengua. Y tu danza es cada vez más fuerte, cada vez con menos gente, menos para mi, el mundo entero para ti.
El rostro es el mismo, la mirada no la encuentro.
Las torcidas manos te están jalando, y aquí viene el escalofrío, no puedo moverme, no puedo salir de mi escondite, si lo hago entonces si desaparecerás para siempre y no podré ni siquiera ser testigo de tu mutación. No sé que sería peor, gritar para que me expulses, o quedarme cual infértil testigo de espasmos ajenos.
Mira tus brazos, son como raíces que devoran el asfalto, yo solo veo como se desmorona el asfalto, y trato de brincar entre los pedazos, para que no te des cuenta de que se ha fragmentado, para que veas que aun puedo caminar sobre el.
Equilibrista de tus silencios, iré despacio entre la cuerda de tus cristalinos ojos, sé que todavía sientes uno que otro paso. Brincaré fuerte para que te tiemblen los míos.
Esos jodidos tambores que no paran, los escuchas aún, lo sé, tus dedos ya comenzaron a mutar.

¿Aún me ves? Dime en secreto si lo prefieres, no le contaré a nadie, lo juro por tu Dios.

jueves, 28 de agosto de 2008

Merienda




La misma roca, el mismo Schiele, un solo frutero.
Todo y nada es igual ante nuestros ojos. Podría ahora mismo tomar tu rugosa mano y postrarte frente a La Gioconda.
En este mismo instante cubrir con mis manos tu cansado rostro y destaparte como mi obra maestra frente a La Capilla Sixtina. Para ti es igual, con tal de que puedas contárselo a tus conocidos no tan conocidos. Aunque yo sé que si te pusiera ahí, frente a todos esos colores, con esas caras cayendo a tu nariz palpitaría hasta el mas aislado de tus poros.
Te creas frente a tus extraños, te peleas con ellos, un monólogo interminable habita en tu cabeza, desconfías hasta la médula. Y yo, con un poco de suerte puedo convencerte valiéndome de tu palabra sencilla y decirte: -Déjalo, tira todo ese dolor un ratito, vamos a tu tierra, enséñame tus caballos, tus escondites, quizá no existieron, pero tú les das más vida que tres corazones juntos-. Tu cabello es de hierba pura, tus manos huelen a maíz, tienes unas manos tan generosas. Te he buscado en todas las Sierras. Y la sierra está dibujada en tus labios.
Tus ojos se abren grandotes como paletas. La lluvia se junta toda en tus pestañas. Tienes una manera de conmoverte que me paraliza. Hablas tu propia lengua, hay que verte con detenimiento para lograr escucharla. Tienes en tu palabra la grandeza de lo sencillo. El punto justo de lo ingrávido. Y aquí voy de nuevo con mis palabrotas que no te dicen nada, o quizá te digan todo, porque tú tomas la palabra y la traduces a tu lengua, esa que se habla con mirada.
Un monumento a la vida en tus brazos. Tus pies son pesadillas con movimiento, enredadas, agazapadas. Sé bien que ellos guardan la memoria de tus viejos caminos ¿Será por eso que los escondes, para que no cuenten tus pasos añejos?
Huele a chocolate, huele caliente, vienen tus manos, llévame contigo, vamos a la raíz de todas tus comisuras, déjame probar. Enseñame la palabra sencilla, cuéntame todas tus mentiras, dame las verdades disfrazadas.

Si, una conchita para el chocolatito.
Prometo quedarme bien quietecita.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Buenas costumbres


Pentagrama casi visible para la letra. Una desesperación por escribir. Y todo comienza así, al inicio uno cree escribir ¡Iluso! Si lo tomas con la seriedad que merece y osas entregarte a la palabra he de advertirte lo que ella hará contigo. Buscarás cual frenético animal algo, lo que sea. Tu propia piel si es necesario. Verlo, decírtelo. Necesitas que la idea se escurra y te lleve, es ella la que te da vida, la que te crea. Peligrosa es la letra. ¿Las has visto pintadas en tu pared? ¿Las reconoces?
Anoche me envolví en las suyas, dejé que me tomara como hoy espero te dejes tomar tu. Y temblé, el terror crispó mi piel. –No leas, déjalo ahí- lo cerraba y a los tres segundos me volvía a tomar.
Voy tachando mis letras, pentagrama visible sobre palabra sepultada. Hay momentos que siento como se fuga la locura en la punta de esta pluma, o quizá se manifieste. Me fugo yo, me presento entre letras, me soy con la dureza que se son los insectos.
Una vitrina para esconderme ¿Y si esto terminara? Si pasáramos al pabellón discreto, las nalgas al aire sobre todos los huecos. Animales repugnantes que disfrazan su pudor. ¡Oda a la vida! Revienta tus ropas y veme a la cara, tus ojos postrados en los ajenos. Estamos tomados de manos y hombros, los sexos no son mas que una insinuación.
Quita tu prenda y rompe la del vecino.
Carne y piel. Somos tan distintos que se nos juega a iguales. Sexos cubiertos de añejos pudores.
Veo esto: veo dos hombres y una mujer. Hablan, sonríen, se tocan. Ella insinúa su piel, ellos simulan no atención. Ahora los veo ahí, desnudos, seguramente no se acercarían tanto, o quizá se acercarían del todo, de todo lo que la piel permita.
Animales con palabras.

sábado, 23 de agosto de 2008

volcán



Un volcán. Dos arrebatos. Explosión.
No hay punto fijo en el que me dé cuenta y me meto los diez dedos a la boca, los juego todos.
Memoria selectiva, selecciono lo que quiero, lo que me conviene, como tu, como todos.
Prendo la televisión para no pensar, y al final sé que tengo que escuchar. Calmar el agua, templar la palabra.
Nadie me ha engañado, yo soy la que me invento historias, vieja maña que me he afianzado.
No más.
Si hubiese una venta de carne, no sé si me compraría. Tan contradictoria, tan volátil. No he puesto mi pie en el suelo, no aún, apenas si lo levanté de la última vez, no quiero, no quiero asegurar nada, ni lo inseguro.
Aún me duele la mandíbula, eso no está afuera, eso se siente. No sé que es lo que falta por decir, quizá aun no me lo susurro. Pronto lo haré o antes cae ella y entonces si nos fregamos, porque sin ella yo no hablo y sin mi ella no existe.
Otro sorbo de aire, llueve, como me gusta que llueva, si pudiera viviría ahí, en la lluvia, en los charcos.
Soy tierra húmeda, soy río voraz, caliente como la lava.
Me eres espejo, aún, no te has roto ni aunque yo quiera.
No quiero.
Pasión.
Guardo esa palabra, la veo en tus ojos, aunque tus ojos se busquen en otros.
No es eso lo que busco, encontré mi destazada valentía, me la devolviste. Ahora haz lo que te sea necesario, toma tus fantasmas, juega en una casa oscura y grande, aparecen y bailan a tu lado.
He aquí una serie de casualidades, todas amontonadas para poder descubrir mi piel joven en tu anciana cara. Tomamos lo que pudimos, comenzamos lamiendo, seguimos danzando. Nada ha sido modificado, soy tramposa, soy engañosa, soy una víbora escurridiza que se cuela en las historias para mutilarlas, para hacer de ellas a posteriori lo que convenga. Pero a ti no, a mi en ti menos.
Pelea como león por tu pasado, sigo desde la butaca aplaudiendo, mientras aplaudo pongo mi mano en la pierna izquierda de mi presente, la aprieto un poco, no para adueñármela, para que sepa que aquí sigo, a su lado, acariciándola, templando su paso. Voy entre gotas, entre tierra fértil de vientre ligero.
Fui frente a ti, cómo me he sido frente a la neblina.
Sigo nadando, el fondo del fondo del fondo no lo he buscado.